Notas

Edición Nº 37 - Revista Solo Chicos -Guía para padres-.

Aprender a ser padres

«Cuando nace tu hijo, nacés vos como mamá» es mi idea primaria en cuanto a la maternidad (el mismo
principio se traslada al rol paterno), y la replico siempre en mis comunicaciones, ya que considero que
nadie más que nuestros propios hijos, nos pueden enseñar a ser mamás o papás.
Es verdad que nuestros niños aprenden mucho de nosotros, pero también es innegable que nosotros aprenderemos esencialmente de ellos y con ellos, a ser padres. Aunque la relación de padres e hijos
tiene mucho de instintivo, llevarla adelante implica aprendizaje y conocimiento mutuo, continuo y cambiante.

La tarea de la crianza, es muchas cosas salvo sencilla. Las claves que colaboran con éxito en el vínculo
que los padres pueden establecer con sus hijos, nos dicen que tiene que estar basado en el cuidado,
la atención, el cariño, la comunicación y el apego. Los padres -o quienes ejercen la función parental- deben:

a) Poder satisfacer las necesidades básicas de los niños, poder anticipar y prevenir -que en muchos casos
se trata de un ver «venir» antes.

b) Estar atentos para decodifricar las expresiones de los niños (llanto, risa, angustia).

c) Estar disponibles y tener apertura para poder basar la relación en una buena comunicación.

d) Interesarse por estimular a los niños.

e) Acompañarlos en las distintas etapas de la vida, al principio de total dependencia de los padres, para luego adquirir una paulatina independencia, tanto en sus pensamientos como en sus acciones.

Es importante que los padres puedan seguir estos procesos evolutivos, estimulando a sus hijos, escuchándolos, guiándolos y priorizando la satisfacción de sus necesidades. También se debe recordar que la crianza debe acompañarse de juegos, ya que los niños crecen, aprenden y conocen el mundo a través del juego, por lo que es fundamental que los padres puedan ser parte de este aprendizaje de vida.
La crianza es una tarea ardua y difícil, por lo que genera en los padres mucha inseguridad, temor e incertidumbre, y en realidad no hay una manera única de llevar adelante una buena crianza, no existe un manual ni recetas válidas para ello, se trata de los modos en que cada madre (y padre) logra realizar las tareas propias que este proceso requiere, donde no sólo se pone en juego la subjetividad de cada unos, sino también la historia, la conformación familiar, y las particularidades propias de cada niño, que por supuesto, juegan un rol importantísimo. Además, aparecen sentimientos como culpa, temor, incertidumbre, alegría y tristeza, junto a la responsabilidad y obligación de estar implementando las herramientas adecuadas para una buena crianza.
Lo importante, es que los papás puedan aprender a confiar en sí mismos respecto a la formación de sus hijos, haciéndolo siempre en un clima de armonía, amor, respeto y comunicación.


Laura Krochik
Directora General del Curso Integral de Consultoría en Crianza.