Notas

Edición Nº 45 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

Lo que tus hijos recordarán de su infancia

Trabajo con jóvenes adolescentes de doce a diecisiete años de edad. Y aquí me va a salir un poco de mi formación profesional de marketing. Me atrevo a decir que después de tres años de pasar entre cuatro a cinco horas diarias con ellos, conozco bastante bien a mi segmento de mercado. Dicho esto, quiero compartir los resultados de un ensayo titulado «La anécdota o momento favorito entre mamá y yo». El ejercicio trataba de recordar algún momento importante en su vida cotidiana, algo divertido o muy especial que tuvieran presente de su infancia con su mamá. La idea era que fueran cosas reales, no sentimientos abstractos. Por ejemplo no valía poner: «mi mamá es la mejor» «gracias por todo lo que haces por mi» sino: mi mamá es la mejor porque el primer día de clases me dio un gran abrazo y me cantó una canción para que me pusiera feliz.

Leí más de cien ensayos de jóvenes mexicanos, que viven en mi ciudad y que tienen factores demográficos muy similares a los que yo vivo. (Clase media baja o media alta, papás que trabajan, acceso a la tecnología, a diversión y educación privada).

Los resultados fueron muy reveladores para mí y los comparto, porque esto nos da una idea de lo que realmente nuestros hijos van a recordar de su infancia cuando sean adolescentes.

1) Su vida diaria: El 90% de mis estudiantes ha ido a Disneylandia, por lo menos una vez en sus vidas. Todos reciben en Navidad por lo menos, un regalo. A la mayoría se les ha festejado con una fiesta su cumpleaños
y ninguno de estos sucesos fue mencionado por ni un solo estudiante. Yo hubiera pensado que su primer viaje
a Disney lo recordaban emocionados, o cuando su mamá les hizo esa lindísima fiesta de cumpleaños con su personaje favorito. O aquel autito de motor que les amaneció en Navidad (por el cual sus papás ahorraron
todo el año) sería motivo de una bella anécdota. Pero no fue así. Todos los recuerdos tiernos que los jóvenes atesoraban tenían que ver con la vida diaria. Anécdotas súper tiernas, recuerdo la de un joven, ahora deportista
de alto rendimiento, que escribía – «todos los días mi mamá me recogía de la escuela, me llevaba un lunch que me comía en el auto y me llevaba a entrenar, me esperaba por dos horas en el calor, todos los días. Nunca se quejó». O el de una jovencita que contaba cómo junto a su mamá se sentaba horas a ver la misma caricatura de princesas. Para ella era lo máximo. Mi aprendizaje de esto: Los hermosos recuerdos de la infancia no son los viajes o las cosas, es el trato DIARIO y los detalles de ese trato, los que causan un verdadero impacto en la vida de nuestros hijos. Disfrutémoslos todos los días, cuando los recogemos de la escuela, en el camino a casa, cuando comemos juntos, en las tardes de juego. ¡Todos los días cuentan!

2) Si estuvimos presentes o ausentes: A veces, los papás justificamos nuestra ausencia diciendo «pero ni cuenta se da de que no estoy» o «es que se la pasa súper bien todo el día con su abuela», otra muy común es «es que necesito trabajar más para darle lo que necesita». Muchos jóvenes escribían de la ausencia de sus padres. Recuerdos de cuando eran pequeños y extrañaban a sus papas y decían «Mis papas siempre me dejaban con
mi abuela- de ella si tengo muchos recuerdos lindos». Uno en particular me dolió en el alma pues cuando asigné
el trabajo se acercó a mí y me dijo «yo no tengo anécdotas con mi mamá» era un niño muy aplicado así que sabía que no era pereza, y le pedí que tratara de recordar algo. Me volvió a decir lo mismo «no tengo ninguna anécdota ni recuerdo de cuando era niño, ni de ahora, casi no la veo». «Se va a las seis de la mañana y regresa a las siete u ocho de la noche. No sé ni que le gusta». Conozco a su mamá y es una mujer que ama mucho a su hijo, pero en el afán de darle una vida más cómoda se está perdiendo el placer de ver crecer a su hijo. Nuestros hijos nos necesitan a nosotros más que a cualquier otra persona.

3) Nuestro carácter: La sociedad de nuestros días busca más que nunca satisfacer al «YO», no nos gusta sacrificar, no nos gusta dejar de hacer por el bienestar de otros, queremos encontrar la combinación mágica para lograr todo sin renunciar a nada. El resultado, son muchos hogares disfuncionales, niños y jóvenes que están creciendo solitos porque papá y mamá no queremos sacrificar carrera, hobbies, amistades, dinero etc. Un joven escribía que lo que amaba más de su mama era que siempre «ayudaba a otros», incluyéndolo a él. Su mamá se daba el tiempo de cuidar al abuelito enfermo, trabajar, estar con él y sus hermanos y además, tener «buen humor»; me encantó su relato porque era tan ilustrativo de que a veces hacemos sacrificios, pero de mala gana
y así no vale. Es muy triste escuchar a jóvenes decir «mi mamá siempre está enojada» o «con mi papá nunca
se puede hablar». Lo que hacemos diariamente y como lo hacemos, demuestra el carácter que tenemos.
Si ayudamos a otro dándole lo que nos sobra o renegando por hacerlo, nuestros hijos recordaran la actitud.
Por otro lado, si damos de nosotros con gozo enseñaremos a nuestros hijos a servir por medio del ejemplo.


Por Karla Olguin