Notas

Edición Nº 49 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

Mamá quiero jugar

El juego cumple muchas de las necesidades de la vida infantil, es divertido, estimulante y tiene una función central en el desarrollo del niño. Promueve las habilidades físicas, intelectuales y sensoriales. Para un niño,
jugar es hacer algo muy diferente a todo lo demás, además que por medio de éste se consume mucha energía.

Mediante el juego activo desarrollan habilidades que les dan confianza física, seguridad y certeza. Los niños aprenden a conocerse a sí mismos y a los demás, aprenden a socializar, se estimulan y manejan sus emociones. El juego da a los niños la ocasión de practicar y adelantar en una atmósfera de expresión libre, sus capacidades físico-motoras, cognoscitivas y lingüísticas; de manifestarse y explorar habilidades sociales importantes. Ofrece oportunidades de adquirir empatía, reglas y comportamientos que la sociedad considera adecuados, así como la capacidad de distinguir lo real de lo simulado. (Craig: Desarrollo psicológico).

Todo padre quiere que sus hijos estén bien formados y educados, por eso invierten tanto tiempo y dinero en clases extracurriculares para sus hijos. ¡Cuidado! Esto puede provocar que no dejemos a nuestros hijos jugar.
Los niños están saturados de clases de karate, ballet, piano, pintura, fútbol, equitación, teatro, etc. y llegan
a casa a altas horas de la tarde-noche a terminar los deberes de la escuela, cenar e irse a la cama. ¿Y el juego?

Cuando vemos a un niño que no juega, sin necesidad de hacerle análisis clínicos o radiografías, sabemos que algo no está bien. El juego se convierte en el mejor indicador de la salud de nuestros hijos.
Recordemos lo importante y divertido que era para nosotros jugar y, lo que aprendimos con él. El juego ayuda en al ejercicio de las virtudes. Se aprende a perder y a respetar al ganador. Se aprende a ganar sin soberbia. Promueve la solidaridad, el compañerismo. A ceder jugando lo que al otro le gusta. Se estimula la imaginación
y la creatividad. Con el juego, los niños aprenden a expresar sus sentimientos, sus miedos y sus anhelos. Dejemos que nuestros niños jueguen, que corran, que brinquen, que se revuelquen y se ensucien, aunque rompan los pantalones de las rodillas. Un raspón, un tropezón o un pequeño golpe, les enseñará a ser precavidos y a la vez, tener fortaleza. Es muy importante la formación académica que le demos a nuestros hijos, pero no olvidemos que el jugar para ellos es igual de importante que la alimentación o el sueño. No los limites a los videojuegos para que estén quietos y tú puedas seguir trabajando.

Juguemos con ellos, salgamos de nuestra rutina y de todas esas actividades que nos agobian y que no nos permiten disfrutar de momentos de alegría con nuestros hijos. Volvamos a vivir esos momentos de diversión, platiquemos nuestras experiencias, y nos daremos cuenta, que nos creará un ambiente de unión que ellos recordarán toda su vida.


Mary Carmen Creuheras
Master en Matrimonio y Familia
Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Navarra, España.