Notas

Edición Nº 51 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

¿En qué fallamos?

Hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela. Se levantan irritados, pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono, viendo tele o conectados a Internet. No se ocupan de que su ropa esté limpia
y mucho menos ponen un dedo en nada que tenga que ver con «arreglar algo en el hogar».

Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles «defectos» a sus padres, a los cuales acusan a diario de «sus traumas». No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo. Hay que darles su «semana» o mesada, de la que se quejan a diario porque -«eso no me alcanza»-.
Lo que le pasó a nuestra generación es que nosotros mismos «elaboramos un discurso » que no dio resultado: «¡Yo no quiero que mi hijo pase los trabajos que yo pasé!». ¿Usted, porqué tiene lo que tiene? Pues porque le costó su esfuerzo, muchos sacrificios, y así es que aprendimos a valorar los de nuestros padres al «ver y compartir» sus desvelos, en lugar de «ocultarlo» y aparentar que todo es «color de rosa» en la vida.
Nuestros hijos nunca han conocido la escasez en su exacta dimensión, se criaron desperdiciando.

El «dame» y el «cómprame» siempre son generosamente complacidos y ellos se han convertido en habitantes
de una pensión con todo incluido, (TV, DVD, equipo de sonido, Internet y comer en la cama, recogerle el reguero que dejan por que siempre se les hace tarde para salir, etc.) y luego pretendemos que nuestra casa sea un hogar, o exigimos o preguntamos, por qué nuestros hijos se aíslan, no comparten con nosotros, ya que cualquier cosa
es mejor que sus padres o una actividad familiar.

¿Quién les suministró todo eso a nuestros hijos? Nosotros mismos, solitos y sabiendo que no estaba bien.
Los que tienen hijos pequeños, pónganlos los domingos a lavar los autos y a limpiar sus zapatos, a ganarse
las cosas. Un pago simbólico, por eso puede generar una relación en sus mentes entre trabajo y bienestar.

Será cierto que: «¿Somos la generación que pedía permiso a los padres y ahora pide permiso a los hijos?»

Estamos forzados a revisar los resultados, si fuimos muy permisivos o si sencillamente trabajamos tanto, que el cuidado de nuestros hijos queda en manos de las domésticas, maestros, y en un medio ambiente cada vez más deformante. Plantearse, si por nuestro cargo de conciencia de no tener mucho tiempo con ellos, lo subsanamos con cosas materiales.
Nunca es tarde para cambiar.


Nohelia Rojas Ruiz