Notas

Edición Nº 52 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

¿Por qué mi hijo no entiende cuando le digo que "no"?

Los chicos viven el «no» sistemático como una forma pobre de relacionarse, sin apertura, como una situación
de perdida de antemano. No es creíble. Y para los niños es caótico descreer de sus padres dice Laura Gutman (terapeuta familiar y escritora). Rápidamente podemos percibir la diferencia entre "no rayes mi agenda, te dije
que no!" y "sé que quieres hacer un dibujo lindo, pero yo necesito que mi agenda esté limpia. ¿Qué te parece si dibujamos en este cuaderno?" Sabemos que hay veces que tenemos que decirle que no; ya sea por un juguete que no le compraremos, porque lo que hace no es correcto o lo pone en riesgo. Espero que algún día podamos dominar nuestros propios fantasmas y recurramos a la negación sólo en casos extremos. Deseo que ambos aprendamos a negociar con nuestro hijo en lugar de sólo negar y enojarnos. A veces siento que llevamos más de la mitad del camino recorrido, otras veces creo que apenas hemos dado el primer paso. He conocido adultos que pasan gran parte del día diciendo a los niños lo que no pueden hacer. Padres que han aprendido a decirle a sus hijos de manera sistemática que no hagan tal o cual cosa generalmente son los que después se preguntan ¿por qué mi hijo no entiende cuando le digo que «no»?

De acuerdo con Laura Gutman es porque usamos el «no» como primera instancia, en lugar de utilizarla como última. Propone intentar: Reconocer las necesidades del niño y verbalizarlas o legitimarlas. Verbalizar lo que me pasa o la realidad «objetiva». Proponer acuerdos optando en principio por una actitud de «sí», que incluya luego el «no» correspondiente. Reconocer las necesidades del niño y verbalizarlas o legitimarlas puede ser «lo más complicado » del proceso; pues implica detenernos un segundo y escuchar lo que nuestros hijos quieren decirnos. No es sólo oírlos hablar, gritar o incluso llorar; es realmente escuchar. Esto no significa acceder a cualquier cosa que el niño desee; significa validar y ponerle nombre a lo que siente el pequeño. Verbalizar lo que me pasa o contar la realidad «objetiva» Quiere decir que corresponde al adulto (o sea, nosotros) buscar respuestas alternativas para compensar con atención e interés el no poder satisfacer la petición del pequeño. Es importante mentalizar que el objetivo del niño nunca será desquiciarnos, sino explorar su mundo.Cuando primero pensamos en el «sí» y dejamos el «no» en segundo término, éste no adquiere dimensiones que ni siquiera consideramos. Con voluntad y un poco de ingenio hay cosas que sí se pueden hacer, por lo que satisfacer al niño resultará más fácil. Proponer acuerdos optando en principio por una actitud de «sí», que incluya luego el «no» correspondiente. El requisito para lograr un acuerdo es reconocer las necesidades y los deseos de ambas partes; lo cual sólo se logra por medio de la comunicación. En esta negociación, a quien corresponde poner las palabras adecuadas
es al adulto.

Concluye Laura Gutman que cuando el «sí» es recurrente y facilitador, el «no» aparece de vez en cuando, oportunamente, y es efectivo, porque tiene sentido, porque se refiere a un hecho puntual que el adulto desaprueba y que el niño comprende muy bien, diferenciándolo del «no» constante y sin sentido.

Y así, es como pasamos del tajante "no rayes mi agenda, te dije que no!" al "sé que quieres hacer un dibujo lindo, pero yo necesito que mi agenda esté limpia. ¿Qué te parece si dibujamos en este cuaderno?" ¿Te has percatado cuántas veces al día le niegas ciertas cosas a tus hijos? ¿En realidad era indispensable negárselas?

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