Notas

Edición Nº 53 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

La voz que ama, la voz que grita

Madres perfectas, padres suaves, brutos y MAMÁS PUNKS: todos alguna vez «cagamos a pedos» a nuestros chicos. Tiene arreglo y ¡no vale mentir!

En serio, si no le dijiste a tu hijo, aunque sea 1 vez: «Te voy a matar», no VIVISTE la crianza. ¡¿Quién no «pisó alguna vez la banana» y se descubrió, cual demente, vociferando una animalada a su hijita que dibujó la pared?! Confesémoslo de una vez: a veces somos capaces de gritar barbaridades, por más amor que les tengamos.
Yo lo hago… y vos también. La voz que ama, la voz que grita y la voz que reta son la misma, pero también pueden ser la misma que pierde la razón, aunque todo termine en un abrazo, después de un brote neurótico
de cansancio eufórico. Lic. Gervasio Díaz Castelli.

Como dice mi amigo, el Psicólogo Gervasio Diaz Castelli, «Nuestros hijos nos enseñan a vivir. Sí: ellos a nosotros. Cuando nos enredamos en banalidades o cuando nos ponemos impacientes por cosas de la vida, cuando nos amargamos demasiado por asuntos que parecen cuestiones de estado y…terminan no siendo tales…» lo interrumpo yo…. Ahí, justo ahí, me he escuchado decir: «¡¿Qué hacés, la puta madre, sos tarado?! … Lo sé: cuando queda escrito y lo leemos, es de un salvajismo atroz, pero cuando los enanos tiran la fuente de milanesas (mientras hablabas con tu amiga de cualquier boludez), su distracción te saca de eje. Ahí… todo se congela un instante… tu hijo (o hija) se quedan duro y vos mudo. Cruce de miradas y ahí, justo ahí te cae la ficha. Te sentís una porquería. Yo muchas veces, en esa situación he abrazado a mis hijos fuerte, como si mis brazos los ajustaran con arrepentimiento. La pregunta es, así como cuando queda escrito lo que decimos y lo leemos nos quedamos pasmados… ¿qué les pasa a los chicos? ¿Qué sucede en su cabecita y en su corazón? ¿A dónde van a parar esos «exabruptos»? (siempre pensando que son descuidos torpes pero en un marco de amor y cuidado) «No pueden entender el desamor. Eso los traumatiza y no que «te saques» por una pavada».

Somos humanos, y a veces estamos cansados, estresados por multiplicidad de factores, y en ese educar, en ese método de crianza que naturalmente cada uno arma, a veces podemos perder el control y podemos decir, hacer o demostrar cosas que pueden impactar negativamente en el alma de los niños. «No te soporto más», «¡pero sos burro!» …etc y todo ésto a los gritos… Y si, luego nos quedamos mal, si somos padres responsables y no personas crueles o maltratadoras, nos quedamos incómodos. Porque no nos podemos enojar con los niños, – lo sabemos- no, en serio: son chicos, están probando los límites, están midiendo su fuerza, y la nuestra; quieren jugar con el límite, van recortando su propia personalidad en función de esa lucha.

Y, lo más importante que debemos saber es que, si bien el niño puede asustarse, llorar o angustiarse, Nosotros podemos repararlo. Ellos necesitan que podamos pedir disculpas y esgrimir una pequeña argumentación sobre lo sucedido, ponernos sanamente en falta y mostrar nuestra humanidad. Ser padres responsables es revisar eso, porque perder la paciencia no nos suelda a nada que sea destructivo para ellos. Así que aflojemos un poco, que para mejorar solo hay que ponerse en el lugar del otro, para poder perdonarnos en nuestras culpas neuróticas, muchas veces desmedidas»- dice mi amigo y yo le creo.

Los niños son sagrados, son el futuro, son nosotros en el mundo, pero mejores. Mantengamos los ojos atentos, el corazón abierto y la boca, a veces, un poquito más cerrada.


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