Notas

Edición Nº 55 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

El mal humor

En diferentes estudios se ha apreciado que la ausencia del padre conlleva a problemas de adaptación en los niños, así como a la aparición de comportamientos de riesgo a medida que crecen. Obviamente, su presencia y comprensión tienen el efecto contrario: facilitan la adaptación del niño y promueven un desarrollo psicológico saludable.

El estado mental del padre afecta directamente a sus hijos Investigadores de la Universidad Estatal de Michigan realizaron un estudio en el que analizaron la importancia de los padres en la vida de sus hijos. A lo largo de la investigación recogieron los datos de más de setecientas familias de todo el país.

Obviamente, se trata de un resultado previsible, algo así como descubrir el agua tibia. Sin embargo, lo más interesante fue que el estado mental de los padres tenía implicaciones a largo plazo en sus hijos, sobre todo relacionadas con habilidades sociales como el autocontrol y la capacidad para cooperar con sus coetáneos.

Por ejemplo, se apreció que cuando los padres sufrían depresión durante los primeros años de la vida de sus hijos, esta podía afectar más el desarrollo social de los niños que la depresión o la ansiedad materna. En el estudio también se comprobó que un nivel elevado de estrés de los padres cuando sus hijos tienen entre dos y tres años, es particularmente dañino para el desarrollo cognitivo y del lenguaje. Lo más curioso es que estos problemas surgieron independientemente de la influencia positiva que podía ejercer la madre. No obstante, como era de esperar, la influencia de los padres fue más patente en los niños que en las niñas, porque estos se identifican más con la figura paterna y, por ende, les afecta más su comportamiento.

Los daños que provoca la ausencia del amor paterno: En los últimos años los psicólogos han comenzado a estudiar con mayor profundidad el rol de los padres en el desarrollo infantil. Así han surgido diferentes investigaciones que resaltan la importancia de la figura paterna. Se ha apreciado que cuando los pequeños tienen un padre que se involucra activamente en su educación, se muestran más seguros para descubrir su entorno y son más estables a medida que crecen. También suelen tener un mejor desempeño académico y desarrollan mayores habilidades sociales.

Hace poco unos psicólogos de la Universidad de Connecticut analizaron los datos de treinta y seis estudios, que incluyeron a diez mil padres y sus hijos e hijas. Estos investigadores querían comprender cómo un padre distante o frío podía afectar el desarrollo de sus hijos. Encontraron que los niños que se sentían rechazados por sus padres, mostraban signos de ansiedad e inseguridad, así como conductas más agresivas y hostiles.

La paternidad no es una misión sencilla, sobre todo para los primerizos. Es normal que los padres, al igual que las madres, tengan sus propios temores, inseguridades e inquietudes. A esto se le suma que muchos se sienten obligados a mostrarse fuertes y ser el apoyo emocional de sus parejas, por lo que corren un riesgo mayor de sentirse desbordados emocionalmente. De hecho, esta situación los hace más propensos a padecer un estrés elevado, lo cual le hará mal al pequeño.
Reconocer los signos de estrés. El primer problema que tienen muchos padres es que, imbuidos en su rutina cotidiana y sintiéndose obligados a ser el sostén de la familia, ni siquiera reconocen los signos de estrés. Por eso, el primer paso es descubrirlos. También es importante detectar los detonantes del estrés en la vida cotidiana, para eliminarlos o al menos, minimizar su impacto.

Es primordial que los padres tengan una vida propia, más allá de los cuidados y la atención que puedan darle a su hijo. Asegurarse de pasar tiempo de calidad y a solas con la pareja, así como de no abandonar por completo las aficiones. Ese tiempo permitirá relajarse y reponer energía.

Jennifer Delgado.
Rincón de la Psicología.