Notas

Edición Nº 56 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

No llores, no pasa nada

Mami, ¿a ti te gusta que yo llore? Esto es lo que Maia, mi hija de tres años, le preguntó a su madre hace unos días. Esta pregunta y la maravillosa respuesta que Ana le dio —pronto la descubrirás— me han inspirado para escribir esta reflexión sobre la torpeza con la que solemos reaccionar ante el llanto de los niños y sus emociones incómodas.

En casa, Maia puede llorar todo lo que quiera y lo sabe. Ana y yo creemos que el llanto es la manera que tiene un niño de tres años de expresar sus emociones más incómodas —miedo, rabia, tristeza, frustración, soledad— y nos parece sano dejarla llorar. No tiene nada de malo y por eso no solemos intentar cortar su llanto, sino darle pie a que exprese la emoción que hay tras sus lágrimas. Sin embargo, no todo el mundo comparte nuestra política ante el llanto infantil. Es muy habitual que cuando un niño llora, sus padres, maestros u otros adultos le digan:
No llores, no pasa nada.

De hecho, cuando Maia llora en la escuela este es el feedback que suele recibir de sus profesoras. Le dicen que no llore, que no pasa nada, e intentan distraerla con lo que pueden. La intención es buena, pero el resultado no.
Lo que están consiguiendo es que Maia piense que a sus profesoras no les gusta que llore. En consecuencia, cuando algo la incómoda y llora en la escuela, siente que está haciendo algo que no está bien. De ahí su pregunta, esa que abre este artículo. Negar el llanto para evitar las emociones incómodas Al fin y al cabo, no pueden aprender a gestionar aquello que reprimen. Y es que nos gustaría que el mundo fuera de color de rosa,
pero no es así. El rosa se mezcla con el negro, el verde, el azul y el resto de colores del arco iris. Las emociones incómodas son una parte inevitable de la vida, van en el mismo paquete que las agradables. La vida nos regalará momentos dulces y hermosos, pero también nos hará saborear la pérdida, la enfermedad, la vejez y la muerte. Debemos prepararnos para lo que todas estas experiencias nos harán sentir y más les vale a nuestros hijos que aprendan a navegar con destreza en este mar de emociones cambiantes. Llora, hija, ¡nosotros te queremos siempre! Bueno, ¿quieres saber qué le respondió Ana a Maia?

No te haré esperar más:
—Mami, ¿a ti te gusta que yo llore?
—Maia, a mí me gustas siempre. Me gustas cuando lloras, cuando te ríes, cuando estás enfadada, cuando estás triste… ¡Me gustas siempre! Si tú tienes ganas de llorar, llora. No importa si me gusta o no.

¡Un aplauso para mi Ana, por favor! Sinceramente, me siento muy afortunado de tener una compañera así en esta aventura de la crianza en particular y de la vida en general. En conclusión, la próxima vez que te encuentres con un niño llorando, piénsatelo dos veces antes de decirle que deje de llorar y que no pasa nada. Aprovecha la oportunidad para ayudarle a expresar lo que siente y hacer algo que le ayude a sentirse mejor; pero sin negar ni ignorar esa emoción incómoda por la que llora.

Iñaki Calvo Sánchez
www.conconciencia.com