Notas

Edición Nº 57 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

Si queremos hijos felices hay que enseñarles a navegar en tempestades.

Álvaro Bilbao es neuropsicólogo y autor del libro «El cerebro del niño explicado a los padres», pero sobre todo, le gusta decir que es padre. Brinda cuatro ideas fundamentales para ayudar a los hijos a cuidar su cerebro. El amor, que no debemos confundir con la sobreprotección, el ejercicio físico para oxigenar bien el cerebro, la nutrición neuro saludable y la gestión del estrés y el autocontrol son las claves que brinda este neuropsicólogo que considera que si enseñamos a cuidar el cerebro tendremos hijos más felices.

«Todos enseñamos pautas básicas de higiene corporal e higiene dental. Sin embargo, la mayoría de padres tienen muy poca idea acerca de cómo pueden cuidar el órgano más importante de sus hijos: su cerebro».

Por mucho que un señor de cincuenta años lea un libro sobre el cuidado del cerebro, si no ha sido educado en una alimentación neurosaludable, en realizar ejercicio físico, si no ha sido educado para saber gestionar sus emociones, es muy posible que pueda hacer poco para prevenir trastornos como la ansiedad, la depresión, el estrés. En primer lugar, lo más importante es el afecto. Un cerebro que no recibe afecto en los primeros años de vida va a crecer con serias dificultades, tanto emocionales como intelectuales. Pero si aparece un padre o madre sobreprotector que quieren que su hijo no tenga ningún problema, lo único que quedará en el cerebro del niño es ese miedo. El niño no aprenderá a resolver problemas porque será el papá o la mamá el que lo haga. Por eso el cerebro nos enseña que la manera de preparar al niño para tomar buenas decisiones no es evitarle los problemas, sino dejar que tenga aciertos y errores y ayudarle a aprender de ellos. Otra idea fundamental, es el ejercicio físico. El cerebro es un gran consumidor de oxígeno. Con tan solo un 2% del peso corporal consume el 33% del oxígeno que está en nuestros pulmones. Ese oxígeno llega al cerebro gracias a un corazón que debe estar bien entrenado. Y la mejor manera de conseguirlo es implantar el ejercicio físico desde que somos pequeños. Es importante que respiren aire limpio, que los llevemos a jugar al campo. Las bases de una dieta neurosaludable han de ser frutas, verduras, pescado azul, harinas integrales, limitar el azúcar y evitar las conservas. Los beneficios de esta alimentación son la memoria del niño, la concentración, la agilidad mental (que tiene que ver mucho con las grasas que toma, porque las grasas no saturadas facilitan el flujo de información a nivel cerebral). Lo que comemos también influyen en el estado de ánimo y en la prevención de enfermedades.

Hoy en día tenemos niños que viven con mucho estrés. Sin un momento libre, no son capaces de enfrentarse a una rabieta y sufren de una manera desproporcionada ante las dificultades de la vida. Esto provoca el síndrome de decaimiento, la sensación de que no están muy motivados ante las situaciones cotidianas de la vida

Nuestros hijos no saben hacer el ejercicio de control de la frustración, no saben esperar y la frustración que conlleva. Y esperar es muy importante. Álvaro nos habló de un experimento en el que un psicólogo ofrecía a varios niños una golosina y les decía que si esperaban 15 minutos sin comérsela les ofrecería otra más. La mayoría de los niños en el experimento no llegaron a completarlo satisfactoriamente. En general somos los padres quienes intentamos ahorrarles las frustraciones. Sin embargo, si queremos tener hijos felices en lugar de hacer que el viento siempre sople a su favor hay que enseñarles también a navegar en tempestades. Autocontrolarse cuando sea necesario y divertirse o relajarse en otras ocasiones. Cuando los padres decimos que no se puede hacer algo, que tienen que esperar un poco, aunque muchas veces los hijos se enfadan, es una labor tan amorosa como darles un beso de buenas noches. Enseñarlos a controlarse en los momentos que lo requieren y disfrutar en los momentos en los que pueden disfrutar se darán cuenta de que la vida realmente es maravillosa. La educación, dice, «es una apuesta a largo plazo. Los mejores frutos no crecen en pocos días».


Álvaro Bilbao. Neuropsicólogo (padre gestionando hijos)