Notas

Edición Nº 57 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

La familia es un sistema jerárquico, dejemos de preguntar todo a los niños.

La periodista Eva Millet es autora del libro de educación «Hiperpaternidad» (Plataforma Actual) y su visión sobre la educación llama la atención en un mundo en el que hoy, lo prioritario, es el niño. «Este se ha convertido en el centro absoluto de la familia», afirma. Una llamada de atención seria, pero también desde el humor, a ese exceso de celo actual de las familias que tiene una de sus explicaciones en el bajo índice de natalidad. «Los tenemos más tarde y tenemos pocos. Por eso, para muchos tener un hijo es un tesoro que hay que gestionar. Se ha profesionalizado la crianza», señala la también autora del blog Educa2.info. La hiperpaternidad es un tipo de crianza que consiste en estar encima del niño o la niña constantemente, para atender o anticiparse a cada uno de sus deseos. Suelen ser padres que se pasan media vida eligiendo colegio perfecto, las mejores extraescolares, el mayor número de experiencias, los últimos juguetes, viajes, espectáculos, actividades lúdicas y entretenimientos varios.

Deberíamos «aligerar agendas». Lo que no puede ser es que un niño de nivel inicial o primaria tenga todas las tardes de lunes a viernes ocupadas. Es una forma de crianza muy intensiva, donde se busca un niño mejor, más seguro, con una educación emocional muy colocada. Hay padres muy obsesionados con la autoestima de los niños y lo que están creando son narcisos.

dor e insostenible, porque implica agendas frenéticas y muchas exigencias a nivel académico y social. Lo es para los padres, pero en especial para las madres, porque suelen ser ellas las que cargan con el peso: los llevan de una actividad a otra, hablan con frecuencia con sus maestros (y, si fuera necesario, llegan al enfrentamiento), supervisan sus deberes y, a menudo, los hacen con ellos. Además ordenan sus cuartos, preparan su ropa, sus mochilas, meriendas, cenas y desayunos y ponen y quitan mesas. Por supuesto, planifican agendas, sus escasos ratos de ocio e, incluso, sus amistades. Hay mucha madre con una presión brutal. Ya tenemos evidencia de cómo son los hijos de «hiperpadres» al llegar a las universidades. Son chicos con el nivel de tolerancia a la frustración muy bajo. La dinámica es que sus papás siempre les han dicho que son lo más. Se les ha consultado todo, se les ha consentido a menudo, y el resultado son niños «porque yo lo valgo». Por otro lado, son jóvenes a los que los padres les han resuelto la vida. Si el niño se caía, si no sabía hacer algo... les han solventado la tarea de forma sistemática. Estos menores tienen una inflada noción de ellos mismos y a la vez , carecen del «yo puedo» porque sus papás lo han hecho todo por ellos. Esto es un cóctel explosivo.

La solución es disfrutar de una paternidad más relajada, de una sana desatención. Empieza dejando que ellos mismos se lleven la mochila. Pueden. De verdad. La autonomía se puede ir trabajando en casa, dejando que el niño se haga su cama, dándoles poco a poco más responsabilidad. También hay que dejarles tiempo para jugar sin estructuras. Esto es sagrado y mucho más importante que una actividad extraescolar.

Los hiperpadres suelen hacerles demasiadas preguntas a los niños. Cosas como ¿te querés ir a dormir?, ¿querés cenar? ¿Querés Ibuprofeno? Esto último juro haberlo oído. La familia es un sistema jerárquico y la autoridad de los padres, necesaria. No deberíamos olvidarnos nunca de poner límites, tan importantes como el amor. Y luego, mostrar más confianza en ellos. Los niños son capaces de hacerse su cama sin ayuda, de prepararse el desayuno, de resolver sus pequeños problemas, de organizarse su agenda. Se puede observar sin intervenir. No dejar a tu hijo o perderlo de vista. Es tu trabajo cuidarlo, pero no actuar antes que él. Si un día no come, espera, no es anorexia. Es un ejercicio difícil, pero hemos de hacerlo.

Carlota Fominaya (Madrid)