Notas

Edición Nº 60 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

Educar las emociones

Guy Winch es doctorado en psicología por la Universidad de Nueva York (NYU) y miembro de la American Psychological Association (APA). En su charla TED nos dice que todos vamos al médico cuando sentimos un dolor persistente o algún síntoma anómalo. En cambio, no vamos a consultar a nadie cuando sentimos culpa, soledad o pérdida. Nos recuerda que no tenemos por qué gestionar por nuestra cuenta las emociones que sentimos y nos invita a aprender «higiene emocional».

Señala que «hace 100 años, la gente comenzó a practicar higiene personal y la tasa de esperanza de vida aumentó en más del 50% en apenas unas décadas. Creo que nuestra calidad de vida podría aumentar de forma igual de drástica si todos empezamos a practicar higiene emocional». Y se pregunta: «¿Se imaginan cómo sería el mundo si todos fuéramos psicológicamente saludables?».

Aprender a cuidar las emociones tanto como el cuerpo podría aumentar nuestro bienestar y, en consecuencia, también la salud.

En este mismo sentido se expresan las psicólogas que dirigen el centro madrileño Crecer en Emoción. En este artículo equiparan la atención que se dedica al cuerpo físico con la que se debiera dedicar a las emociones puesto que «si en cuestiones físicas es sumamente importante prevenir, lo mismo parece suceder con la psique». Y subrayan que «es fundamental enseñar a nuestros hijos a verbalizar sus estados de ánimo».

La familia es el lugar donde se establecen los primeros vínculos, relaciones y emociones. «Los padres son para los niños sus modelos y guías» por lo que es fundamental que primero los padres sepan identificar cómo se sienten. La psicopedagoga Mar Romera lo cuenta en su libro La familia, la primera escuela de emociones en el que nos dice que «solo conociendo y regulando nuestro mundo emocional podemos aprovechar la vida y vivir bien».

«Educar las emociones puede convertirse en la llave de libertad para las personas» dice Elsa Punset, escritora y filósofa y nos recuerda que «enseñamos a los niños a leer, escribir o vestirse, pero ¿qué hay de sus emociones?». La educación podría ir más allá de instruir en habilidades puesto que «las emociones lo afectan todo, desde nuestra salud física hasta nuestro cociente intelectual, nuestra forma de relacionarnos con los demás, cómo tomamos una decisión y nuestra creatividad».

En este sentido cabe destacar que ya existen programas específicos en escuelas que implementan contenidos transversales relacionados con aspectos emocionales. El profesor David Yeager de la Universidad de Austin- Texas señala que «los programas que inciden en los resultados socio-emocionales crean climas y mentalidades que ayudan a los adolescentes a lidiar con más éxito con los desafíos que se encuentran». En la misma línea, en Tarragona, la última edición del Congreso EduMindUp, dedicado a la neurociencia y la neurodidáctica en el aula, ya abrió un espacio de reflexión del papel de las emociones en el aprendizaje. De hecho, algunas experiencias como la de la escuela que ha cambiado la meditación por el castigo, son claramente reveladoras.

CONCLUSIÓN
El ser humano es un ser social. De pequeños aprendemos imitando a los adultos, tanto si son personas reactivas como si son personas conscientes de las emociones que sienten. Es decir, las emociones siempre se educan. La Bioneuroemoción® propone enseñar las emociones desde la conciencia para que podamos crecer comprendiendo y regulando nuestro estado emocional. Vivir las emociones de forma consciente incide en el bienestar de todos los ámbitos de la vida.


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