Notas

Edición Nº 60 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

Tu perfecto desorden

Con frecuencia los padres se ven enojados por los pequeños problemas cotidianos. Las rabietas, los enfados, el no saber cómo conseguir que se sienten a la mesa, etc. Siempre que me consultan sobre estos temas viene a mi memoria un artículo que leí hace mucho tiempo y que me gustó mucho. No lo guardé pero lo llevo siempre en la recámara del corazón para no olvidarme de lo que es realmente importante. Es un artículo de Pedro Simón titulado «Tu perfecto desorden» publicado en Febrero de 2014. Espero que a todos los que lo lean los ayude a tener presente que estos años de criar y educar a nuestros hijos, pueden ser duros…pero sobre todo irrepetiblemente mágicos y hermosos.

TU PERFECTO DESORDEN Por Pedro Simón

Te tropiezas con una pelota y encuentras un muñeco bajo el sofá. Giras la llave del lavabo y descubres que anida un pato de goma. Abres la sandwichera y ahí están, achicharradas, tres cartas del mazo de la selección.

A veces maldigo este caos de casa tumultuosa con niños. Pero sé que algún día maldeciré todo el orden a solas que vendrá después.

Sus libros ordenados, pero sin ser abiertos. Sus camas hechas, pero frías. Los platos pulcramente recogidos en la alacena, pero sin nadie con quien comer.

Tener hijos y salir a la calle es como llegar a la ceremonia de los Oscar presumido, con dos estatuillas bajo el brazo, una hora antes de que empiece la entrega de premios: sabes que te los has ganado seguro.

Tener hijos es pisar la vereda a las siete y media con toda la gimnasia hecha: los abdominales del estrés, las flexiones del 'no se puede', el pilates del 'haz lo que debes', el yoga del 'aprovecha el tiempo', los lumbares de la desobediencia y de la sinrazón. En tan solo media hora, mientras te aseas. Así que cuando sales al mundo adulto ya no te asusta nada y todo te preocupa lo justo.
Porque vives a diario que:
Una convención popular es un fin de semana lluvioso en casa con los amigos de tus hijos.
Una renuncia irrevocable, la que te presentan cada día que les sirves verduras.
Una declaración exclusiva, la de que el pequeño tiene otra novia y no hace declaraciones.
Análisis de la audiencia, la que da mamá durante le cena, siempre con un problema delante.
Para traición, la mía, que nunca estoy; la vuestra, que han preferido la Play a las charlas.
Para problemas laborales, los que me da esa ortografía en huelga y sin servicios mínimos.
Para inflación, la de los besos, que cada vez los vende más caros.
Para crisis, la que acontece cuando se acaba el verano.

Me lo enseñó una tarde mi abuela, que lo llevaba escrito en un marca páginas, que los legados más importantes que los padres y las madres pueden dejarles a sus hijos son dos: uno las raíces; el otro, las alas.

Algún día regresaré a casa tarde a causa del trabajo (o de la falta del mismo). Abriré la puerta del living y todo estará en orden. Será que han volado, vaya. Entonces echaré en falta la felicidad que era este perfecto desorden.

Pedro Simón (adaptado idiomáticamente)

Precioso, verdad? No quiero ni imaginar el día en que ese desorden no sea parte de nuestra casa. Creo que todas las generaciones de padres y madres, una tras otra, deberían leerlo. Si por mí fuera, metería una copia en cada paquete de pañales, para que no se nos olvide que el desorden, los llantos, los mocos, los pañales, son una parte indisociable de la felicidad que aportan los niños.


Álvaro Bilbao