Notas

Edición Nº 61 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

Educar en valores

Qué pasa cuando no podemos, no sabemos, no queremos o no enseñamos. ¿Quién se hace cargo?¿ Quién toma la posta? ¿A quién lo toca la misión de educar puertas afuera?

Durante años se escucha, dentro del ámbito educativo, problemáticas con alumnos de similares características, donde la solución sería simple, si ese niño hubiera recibido la oportunidad del saber, y no en referencia al conocimiento catedrático que se imparte en una escuela, sino a la sabiduría adquirida en el marco de una familia. Ausencia de códigos, valores, reglas de educación, modales en la mesa. Un adulto que no pudo, no supo o no quiso decir «eso no se hace», «no se escupe», «no se pega», «no se roba», «no se rompe», «si no es tuyo, no lo podes agarrar», «si está tirado o se te cayó, levantarlo», «no se interrumpe a quien habla», «pedí permiso», «no se deja de lado a nadie», «si te invita, vos también lo invitas», «ofrece ayuda sin que te lo pidan», «sé solidario», «saluda al llegar y al irte», entre tantas otras...

¿Cuándo pasó de moda tratarse bien? ¿Dónde estábamos cuando decretaron que cada uno hace lo que quiere sin que importe el otro?, en qué lugar extraño amanecimos el día que dejó de importarnos?

Mal que nos cueste a los padres reconocerlo, la ausencia de conocimiento/comportamiento social también se aprende en la casa, cuando los tutores o adultos responsables deciden «no decir», «dejar hacer», «festejar el insulto», naturalizar la mala conducta bajo el rotulo «es chiquito, dejalo» «tiene toda una vida para que no lo dejen hacer». Lejos de lo que muchos sospechan, no poner límites, no es amar más, es comodidad. Es mucho más difícil decir «no» a decir «si». El «no» requiere tiempo, explicación, razones, paciencia y muchas veces, diferencias.

Imponer el respeto por las normas de convivencia básica que se requieren en cualquier ámbito, incluido el escolar, también es enseñar, educar y mostrar que «hacer lo que quieras» tiene muy pocos espacios de tolerancia fuera del ámbito doméstico y a la larga, generan más frustraciones que satisfacciones. Cada casa tiene formas, métodos y márgenes de tolerancia que, el niño debe saber, existen solo dentro del ámbito hogareño.

Nadie toma la posta, ni se hace cargo de educar en valores a nuestros hijos y solo los padres, adultos o tutores somos los responsables de su ausencia. Aunque la escuela sea de excelencia, la educación necesita familias que enseñen buenos valores. Lamentablemente, quienes a largo o corto plazo sufrirán los perjuicios y frustración por su ausencia, serán nuestros hijos. Comienzan las clases y con ellas, el inicio de muchas y variadas situaciones sociales que pondrán en manifiesto la amplitud y capacidad de frustración que pueden nuestros hijos tolerar. Comprometámonos también en eso.


Lic. Maria Florencia Bianchi