Notas

Edición Nº 65 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

Criar y limitar con amor y respeto



Muchas veces se confunde a la crianza respetuosa, con la ausencia de límites. Poner límites es un acto de amor. Es poder mirar al otro subjetivamente, cuidándolo y conteniéndolo desde lo más profundo. Es darle un sentido desde el respeto y el afecto.

El límite, o la puesta de éste, debería ser una construcción desde el primer día, acorde con los valores, creencias, normas sociales e ideales de cada familia. Pueden ser flexibles? Por qué no?. Por eso se habla de construcción, no es rígido, se pacta, se acuerda y se puede volver a construir en el flujo constante del día a día. Siempre apelando a la conciencia y en forma responsable; sabiendo que podemos cometer errores y volver a pactar.

Los límites deberían ser explicados con fundamentos, ya que el mensaje que le transmitimos al niño es de un padre que sabe lo que hace, no de un autoritario, que da indicaciones de manera arbitraria.

El límite también debería ser coherente y consecuente con nuestro hacer. Pregonar con el ejemplo es el mejor espejo que podemos brindarle a nuestros hijos.

No existe una receta perfecta, cada familia irá ensayando las que más les convengan, en un proceso de crecimiento donde el diálogo sea la moneda corriente, dejando espacio en lo posible, para la negociación
y el consenso.

Infundir respeto no significa que nos teman. Todos nos equivocamos, lo importante es poder reflexionar
y pensar para poder reparar.

Siempre que podamos, seamos los adultos sus guías y no sus jefes, transmitiendo dentro de nuestras posibilidades, los límites con amor y desde el respeto.
Si bien no existen las recetas mágicas en la puesta de límites, podemos pensar en algunos tips a tener en cuenta en la puesta de los mismos: Las tareas cotidianas por ej: Es posible consensuar con ellos, cuándo es el mejor momento para ordenar su cuarto o ir a bañarse, de este modo no solo se logra un compromiso sino también valoración en el acuerdo para la toma de las decisiones. A esto le llamamos límites consensuados, no perdiendo de vista que el límite será puesto por el adulto, y será él y solo él quien teniendo en consideración al niño tomara
la última decisión como adulto responsable.

Otro tip es el de los castigos: No apelar a ellos (en la medida de lo posible) a veces da mejores resultados.
Cuando se transgrede un límite, se abre una oportunidad al diálogo y la reflexión. Se puede comenzar a indagar con preguntas tales como: ¿Qué pasó? ¿Por quë lo hiciste? Qué se podría hacer para solucionarlo? De este modo profundizamos el entendimiento del niño de sus actos y consecuencias. Incorporando así la noción de las consecuencias naturales, todos los actos responsables las tienen y es muy importante que ellos lo comprendan.

Una opción importante a la hora de poner límites es poder explicar sus fundamentos y el por qué de ciertas normas, esto permite que nuestros hijos puedan fundamentar y entender que los límites tienen un sentido,
que debe ir siempre de la mano del amor y del respeto por el otro.



Sandra Herzberg
Consultora en crianza
Miembro de la Asoc. C. Argentina de Puericultura